En el silencio, me escuchaste,
Cuando no había voz que gritara.
En el abismo, donde no hay luz,
Tú me levantaste con tu mano.
Me sacaste del fango profundo,
Y sobre la roca me colocaste.
Un nuevo canto te cantaré,
Cada aliento será tu alabanza.
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
Por el milagro que hiciste en mí.
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
Con cada latido, con cada gracia.
No esperé en vano, porque tú eres fiel,
Mi salvador, mi refugio eterno.
En tus manos puse toda mi fe,
Y tú me diste paz sin medida.
Un nuevo canto te cantaré,
Cada aliento será tu alabanza.
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
Por el milagro que hiciste en mí.
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
Con cada latido, con cada gracia.
Y aunque el mundo se venga abajo,
Tu promesa no se irá.
Sobre el fuego, sobre el dolor,
Tu amor permanece firme.
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
¡POR SIEMPRE TE ALABARÉ!
¡TE ALABARÉ! ¡TE ALABARÉ!
CON TODO MI SER, CON CADA GRACIA!
Gracias, Señor… por escucharme.
En el silencio… tú estabas.