[Intro]
En la televisión dicen
que todo está mejorando.
Mi vecino apagó la tele.
Dice que así
por lo menos mejora una cosa.
[Verso 1]
El presidente habla de cifras
desde un atril con madera fina,
mientras una señora hace cuentas
con monedas encima de la cocina.
Uno dice que el mercado crece.
Ella mira la nevera.
Supongo que la economía
depende bastante
de desde qué ventana la veas.
Hay un niño haciendo tareas
sobre una mesa que cojea,
su madre limpia oficinas
donde nunca podría pagar una cena.
Le enseñan:
“si trabajas duro, llegas”.
Buen eslogan.
Queda bonito.
Pero hay gente que nace
diez calles por delante
antes de haber dado un solo pasito.
No digo que el pobre no pueda.
Digo que no corren igual.
Uno empieza con zapatos nuevos.
Otro primero
tiene que aprender a caminar descalzo.
Y luego llaman mérito
a cruzar la misma meta
como si nadie hubiera puesto piedras
en la mitad de algunas pistas.
[Pre-Coro]
Sube el índice.
Baja el salario.
Crece el edificio.
Se encoge el barrio.
Todos hablan de futuro.
Qué raro.
Siempre lo paga
el que apenas tiene presente.
[Coro]
AL FINAL
SIEMPRE PAGAN LA CUENTA
LOS QUE NUNCA ELIGIERON
LO QUE HABÍA EN LA MESA.
UNOS BRINDAN ARRIBA.
OTROS LIMPIAN LA FIESTA.
Y MAÑANA EN LAS NOTICIAS
DIRÁN QUE TODO PROGRESA.
Los que pagan la cuenta.
Sin firma.
Sin nombre.
Sin foto.
Pero siempre
ponen el importe.
[Verso 2]
El banco llama “riesgo”
al que pide para comer,
pero “inversor”
al que pierde millones
apostando con dinero de otros.
Curioso diccionario.
El idioma también tiene dueño.
Una guerra es “intervención”
si la explica el canal correcto.
Un despido es “ajuste”.
Un recorte es “eficiencia”.
Una familia sin casa
es una “incidencia”.
Ponle palabras limpias
a una cosa sucia
y parece menos grave
cuando sale en una rueda de prensa.
Eso lo aprendieron bien.
Cambiar el nombre.
No el problema.
Si dices “daño colateral”
parece que nadie tuvo madre.
Si dices “mano de obra”
se te olvida que esas manos
tienen dedos,
tienen hijos,
tienen frío,
tienen hambre.
[Verso 3]
Hay un empresario hablando
de cultura del esfuerzo.
Se levanta temprano.
Eso dice.
También heredó el edificio.
Pero esa parte
la cuenta menos.
No le quito trabajo.
Le quito la amnesia.
Porque a veces el privilegio
no es tenerlo fácil.
Es pensar
que todo lo tuyo
lo construiste sin ayuda externa.
Hay gente que nació
con contactos en la agenda
antes de saber escribir
su propio nombre.
Y otra que manda currículums
como botellas al mar
esperando que alguna empresa
decida devolverle la voz.
Después preguntan:
“¿Por qué están enfadados?”
No sé.
Quizá porque llevan décadas
pidiendo permiso
para entrar en habitaciones
que ellos mismos construyeron.
[Coro]
AL FINAL
SIEMPRE PAGAN LA CUENTA
LOS QUE NUNCA ELIGIERON
LO QUE HABÍA EN LA MESA.
UNOS BRINDAN ARRIBA.
OTROS LIMPIAN LA FIESTA.
Y MAÑANA EN LAS NOTICIAS
DIRÁN QUE TODO PROGRESA.
Los que pagan la cuenta.
Sin firma.
Sin nombre.
Sin foto.
Pero siempre
ponen el importe.
[Verso 4]
También desconfío
del que convierte la miseria en bandera,
del que necesita al pobre sufriendo
para sentirse buena persona desde fuera.
No todo es izquierda y derecha.
A veces es arriba y abajo.
Y mientras discutimos colores
alguien sigue cobrando.
Nos venden equipos.
Banderas.
Nombres.
Nos enseñan a odiarnos
por el uniforme.
Perfecto negocio.
Si los de abajo se pelean,
los de arriba pueden cenar
sin que nadie pregunte
quién pagó los cubiertos.
Divide.
Reparte miedo.
Después vende seguridad.
La historia cambia de siglo.
La fórmula cuesta actualizarla.
Roma tenía pan y circo.
Ahora tenemos pantallas.
Distinto aparato.
Misma distracción organizada.
[Puente]
[Beat desaparece]
[Piano solo]
Mi abuelo no sabía
qué era el producto interior bruto.
Pero sabía exactamente
cuánto faltaba en casa.
Mi madre no habla
de índices macroeconómicos.
Habla de si alcanza.
[Silencio]
Tal vez por eso
hay estadísticas muy completas
que todavía
no saben contar una vida.
[Beat vuelve]
[Verso 5]
No quiero revolución de camiseta.
Ni rebeldía patrocinada.
Ni millonarios vendiendo conciencia
desde una campaña publicitaria.
Quiero memoria.
Porque un pueblo sin memoria
compra dos veces la misma mentira.
Quiero educación
que enseñe a preguntar,
no únicamente
a repetir la respuesta correcta.
Quiero periodistas
que incomoden al poder,
no presentadores
que parezcan empleados de su oficina.
Quiero políticos
con miedo a la gente,
no gente con miedo
cada vez que habla un político.
Y quiero poder decir:
“estamos mejor”
sin tener que bajar la mirada
cuando pregunte el vecino.
Eso sería progreso.
No un gráfico.
No una rueda de prensa.
Progreso es que una madre
no tenga que mentir
diciendo:
“yo ya comí”
para dejarle el último plato
a su hija.
[Verso Final]
Pero tampoco voy a fingir
que yo tengo las respuestas.
Criticar es sencillo
cuando no tienes que firmar decisiones.
La moral desde lejos
siempre sale perfecta.
Por eso empiezo conmigo.
Con dónde compro.
Qué defiendo.
A quién escucho.
Qué comparto.
Qué mentira repito
porque coincide con lo que pienso.
Porque el poder no vive únicamente
dentro de un parlamento.
También vive en el pequeño momento
donde eliges mirar al otro
como humano
o como argumento.
Ahí empieza todo.
Mucho antes de las urnas.
Mucho antes del discurso.
Mucho antes del titular.
La política más pequeña
es decidir
si cuando ves a alguien caer
le preguntas de qué partido es...
o le ayudas a levantar.
[Coro Final]
AL FINAL
SIEMPRE PAGAN LA CUENTA
LOS QUE NUNCA ELIGIERON
LO QUE HABÍA EN LA MESA.
PERO ALGÚN DÍA
QUIZÁ CAMBIE LA FIESTA
SI LOS QUE SIEMPRE PAGARON
EMPIEZAN A PREGUNTAR
QUIÉN HIZO LA CUENTA.
No quiero héroes.
Quiero memoria.
No quiero santos.
Quiero responsabilidad.
Porque un país no se mide
por cuánto gritan sus banderas.
Se mide por cómo trata
al que nunca sale
en primera plana.
[Outro]
En la televisión dicen
que todo está mejorando.
Mi vecino vuelve a encenderla.
Mira un rato.
Se ríe.
Y pregunta:
“¿Para quién?”